viernes, 3 de mayo de 2013

Novela anglocaribeña

     A veces (dos veces) alguien me ha preguntado sobre qué tipo de novela se escribe ahora en el Caribe anglófono. Y la verdad es que yo no he sabido qué contestarles, porque casi todo lo que había leído era de la época “clásica”, es decir, autores que eclosionaron en los años 50-60. Son, por cierto, escritores coetáneos del “boom” latinoamericano pero, excepto el gran Wilson Harris, sin apenas rastro de la creativa originalidad de sus colegas hispanos. Qué distintos, por ejemplo, los dos novelistas caribeños que ganaron el Nobel: nada que ver la frondosidad de García Márquez (o Carpentier, Lezama Lima, etc.) con la sequedad de Naipaul (o Selvon, Lamming…). Lo cual no significa que no haya grandes obras entre los anglófonos, y pondré como ejemplo la novela que más me gustó de las que he leído: The Dragon can´t dance, de Earl Lovelace (1979), con su ritmo sensual y a veces explosivo.

Pero volvamos a 2013. Para leer algo de narrativa anglocaribeña reciente compré una novela que acababa de ganar el premio “Bocas” (sic) al mejor libro caribeño publicado en 2012: Archipelago, de la trinitense-británica Monique Roffey.


Y la verdad: lo he dejado de leer antes de llegar a la mitad del libro. Me recordaba continuamente a una de esas películas de la sobremesa de Antena 3. Un padre con un pasado dramático y cansado de la rutina diaria se embarca con su hija y su perro en un viaje iniciático por el mar Caribe. Con grandes momentos Antena 3: nada más partir coge su móvil y, oh valentía sorprendente, lo tira al mar. Y pretensiones que repelen: su viaje será una aventura espiritual comparable (o eso cree la autora) a la del capitán Ahab en Moby Dick. Sólo espero que este no sea realmente el mejor libro anglocaribeño del año anterior, o que Ana Rosa Quintana y Paulo Coelho se empadronen en el Caribe para competir fieramente en la arena literaria, que podríamos llamar más bien desierto. 

Pero el verdadero momentazo de la novela viene en su capítulo 5 cuando, aprovechando que el protagonista llega a la isla venezolana de Margarita, la autora nos demuestra que no sólo destaca en la creación de dramones antenatrésicos, sino también en la profundidad de su análisis político: Chávez. "Good man or bad man?", se pregunta con pasmosa clarividencia. Repite chismes de la prensa, dice alguna cosilla buena para mostrar su amplitud de miras y, en un momento, como quien no quiere la cosa, se le escapa: "He (el protagonista) can´t stop thinking of the singing communist. Chávez. The dictator has been on his mind all morning". Es decir, el hecho de que Chávez, a pesar de ganar las elecciones limpiamente, sea un dictador, se da por hecho, no necesita ni ser pensado o analizado, es así. Ah, vale. Acabaré entonces con un análisis imparcial de esta novela:

 ¿Es una buena novela o es una mala novela? No podría decantarme por ninguna de las dos opciones, tiene elementos positivos y elementos negativos, así que será el lector quien decida sobre la calidad literaria de esta mierda infumable.

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